El texto se desarrolla desde el análisis de la relación entre la concepción de la racionalidad y la afirmación-negación de Dios. Considera aun las premisas epistemológicas del ateísmo moderno, entendidas en el principio de inmanencia. Para pasar a examinar críticamente sea el ateísmo político
de la modernidad sea el de la postmodernidad. El primero se presenta ejemplarmente en la teorización del Estado árbitro de lo justo y de lo injusto, como del bien y del mal. Mientras que el segundo se explica como negación activa, positiva o deconstructiva, del ser (de la política) en su determinación. Sobre tales supuestos, el ateísmo coincide con la antiontología de la política, y esta se convierte en una postontología. Tal manentización evacua el orden en la organización y el poder en la efectividad.