El hallazgo arqueológico de huesos perforados de hace cuarenta mil a cuarenta y cinco mil años —objetos interpretables como instrumentos para emitir sonidos— demostraría que el ser humano pudo producir sonidos articulados prácticamente desde el nacimiento de la especie. Sin embargo, mientras que la emisión de sonidos, soplando en un hueso hueco o silbando un estribillo, es una actividad casi espontánea del ser humano, la producción de música, es decir, la transformación de una secuencia de notas en melodías complejas y extensas, con armonías, ritmos y escalas organizadas, ha requerido, entre otras cosas, la evolución articulada de procedimientos técnicos, de prácticas culturales y de gusto artístico. La música tiene pues carácter cultural, no sólo natural: es una actividad técnica intencional
que puede ser ejecutada únicamente por el ser humano.